domingo, noviembre 18, 2018
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Young woman suffering from insomnia in the bed.

Sexo a medias

Por Ana Simó — Psicóloga. Terapeuta Sexual y Familiar. — Directora Centro Vida y Familia Ana Simó

Maria tiene 5 años y medio de casada y llega a consulta porque aun no ha podido consumar su matrimonio. Ella y José explican que puedan hacer muchas cosas en la intimidad, como los besos, caricias y sexo oral y ella asegura que tiene su orgasmo pero al momento que José quiere penetrarle se le hace imposible pues ella afirma que hay un hueso en la entrada de la vagina que no le permite el paso al pene, a pesar de que José ha utilizado técnicas de relajación y hasta mentiras piadosas buscando que ella suelte las piernas y se deje llevar.

Ella está muy triste solo piensa en todas las cosas que ha escuchado de hacer el amor y se pregunta qué me pasara que no puedo tener una vida sexual normal.

La razón por la que asiste a la consulta de un sexólogo es porque su ginecólogo le ha comentado que no es natural el hecho de que ir a un médico sea tan tortuoso y que ella no permita el chequeo normal, y por otro lado su esposo ya está en una posición donde dice que si ella no busca ayuda el no piensa hacer nada para convencerla.

La cita con el sexólogo es una tortura pues tener que hablar estas cosas con un desconocido llena a María de mucha angustia pero se arma de valor pues no quiere perder a José y simplemente al preguntársele la razón de la visita al consultorio, María no tiene más remedio que dejar salir su dolor y su preocupación pues no quiere perder a su pareja.

El terapeuta escucha con mucha empatía, sintiendo el dolor y la preocupación de esta joven que simplemente busca poder complacer a José, luego de un rato de desahogo, el terapeuta le explica a María que ella está padeciendo de una disfunción sexual femenina llamada Vaginismo y por primera vez comienza ver esperanza en su desesperación.

Escuchar al terapeuta explicar con tanta naturalidad lo que es el vaginismo fue un alivio pues por fin alguien la entendía.

El vaginismo se produce cuando los músculos que rodean la vagina (esfínter vaginal) se contraen involuntariamente, produciendo un espasmo que mantiene la vagina cerrada, impidiendo la penetración.

La existencia de vaginismo no implica que exista ausencia de deseo sexual. Muchas mujeres están excitadas y desean realizar el acto sexual, y disfrutan sin problemas con otros tipos de relaciones sexuales que no incluyan la penetración.

Entre los síntomas pueden existir uno o varios de estos comportamientos:

No poder insertar tampones en la vagina.

No poder realizarse un examen médico pélvico.

No poder insertar el propio dedo en la vagina.

No poder realizar la penetración durante el acto sexual.

Dolor cuando se intenta la penetración debido a la contracción muscular.

Pérdida del deseo sexual cuando se intenta la penetración.

Síntomas emocionales:

Aprensión al momento de la penetración.

Ansiedad.

Palpitaciones.

Angustia.

Frustración.

Las causas de vaginismo son las siguientes

Inhibiciones sexuales debido a creencias religiosas que hacen percibir el acto sexual como sucio, pecaminoso, etc. En estos casos, una parte de la mujer puede desear mantener relaciones, mientras que otra parte las rechaza debido a la educación recibida, de modo que aparecen impulsos contradictorios que crean ansiedad

Miedo. Algunas mujeres tienen miedos en relación al sexo, como miedo al dolor, miedo al embarazo u otros tipos de miedos que producen ansiedad, la cual hace que la vagina permanezca seca y contraída, impidiendo la penetración. Otros miedos como a no gustar a la pareja, a no saber hacerlo, a no responder a las expectativas de la pareja, a ser rechazada, a ser controlada por un hombre, etc. pueden producir ansiedad.

La mala información respecto al sexo o la falta de educación sexual pueden promover diversos miedos. La falta de información puede dar lugar a incertidumbre y miedo a lo desconocido.

Una primera experiencia sexual dolorosa.

Hay casos donde el vaginismo surge luego tras una historia de relaciones sexuales con penetración sin problemas debido a los efectos físicos de después del parto, cansancio o algún otro motivo que hace que la mujer no esté preparada para el acto sexual.

Infecciones vaginales. Las infecciones y otros problemas médicos pueden hacer que la penetración sea dolorosa, de modo que aparece ansiedad. Incluso una vez superada la infección puede seguir existiendo ese miedo al dolor. El dolor debido a la irritación vaginal causada por el uso de espermicidas o el látex del preservativo puede provocar vaginismo.

Búsqueda del acto sexual por motivos equivocados. A veces, aunque una mujer desee realizar el acto sexual, el motivo por el que quiere hacerlo no es el deseo sexual, sino otros diferentes.

Traumas. Por ejemplo, enfermedades que llevaron a que el cuerpo fuese repetidamente expuesto a tratamientos médicos, graves complicaciones durante el parto, abuso sexual o violación, maltrato.

Tratamiento

Lo primero que debemos descartar es una situación física por lo que se refiere a la cliente a un ginecólogo y si todo marcha bien entonces comenzamos el tratamiento.

La duración del tratamiento dependerá de la clienta, ya que si hay disposición al cambio y a recibir ayuda en unas sesiones la mujer verá el cambio y el deseo de ser penetrada

Lo más importante es que entienda su cuerpo y sepa relajarse y disfrutar del momento.

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