domingo, septiembre 15, 2019
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Pimp Bullies El reto de la franqueza

Por Katherine Hernández

Alfonso Rodríguez llega con una cajetilla de cigarrillos en mano, saluda con cariño a sus dos hijas quienes lo esperaban en su oficina. Como director de un importante número de producciones cinematográficas, conserva detrás de su escritorio fotografías sobre los distintos rodajes que lo han hecho conocido en República Dominicana y más allá de Quisqueya. Su última apuesta refleja un submundo del que pocos se atreven a llamar por su nombre, pero que en este caso, Antena Films y este director han titulado “Pimp Bullies. Víctimas de un prostíbulo”.

Las narraciones sobre la profesión más antigua del mundo dejan siempre un sabor amargo, por su fuerte componente social y porque para los más conservadores, se trata de la promoción de antivalores; pero en un país donde el mayor porcentaje de films se fundamentan en la comedia, una película sobre sexo y drama, pasa a ser todo un reto.

Quienes se preguntan sobre las implicaciones que esta película traerá consigo, podrán ver durante más de una hora un desfile de mujeres hermosas, víctimas o beneficiarias de un negocio que genera millones de dólares, podrán ver a Vingh Rhames (actor de películas como Misión Imposible) hablar en español y generar con su papel esa especie de rechazo que solo logran los verdaderos villanos, también podrán apreciar los desnudos de Laura García Godoy, Lisbeth Santos y Catalina Rodríguez que según el director del film “se hacen sólo cuando están totalmente justificados”.

Rodríguez, siempre polémico, comenta entre profundas tomadas de aire que esperaba lo peor de la crítica, no porque considerara que el largometraje lo mereciera, sino que a su juicio, quienes se dedican a comentar las nuevas realizaciones “le hacen daño a la industria”. Sin embargo, la sorpresa es que “los han tratado bien” y es que más allá de lo que reflejan los diarios, Pimp Bullies ha llevado un importante número de personas a las salas de cine.

Si hay algo que valorar en el espíritu de Pimp Bullies es la diversidad de sus actores, la diversidad de los colores, la buena fotografía y el atreverse a hacer un cine que lejos de dar risa, punza el estómago de cualquiera y llama a la reflexión. Para cuatro de las actrices que participaron en el film, la expectativa sobre cómo sería visto un film de corte dramático y con escenas explícitas pero bien tratadas era una completa incógnita.

Lisbeth Santos (Cristal)

“Yo soy la mala de la película porque soy la que induce a “Catalina” (protagonista del film) a iniciarse en la prostitución. Cristal es una persona a la que la vida la maltrata y que tuvo otras opciones pero ella realmente no es buena.

Siento que he crecido como actriz porque el papel supone un reto de tiempo y es que yo inicio teniendo 15 años menos y con la trama llega el tiempo actual; yo traté por consiguiente, que mi apariencia fuera diferente con el paso de los años, que se me notara el cansancio del propio trabajo.

Creo que a los hombres les va a encantar porque es una película bastante sensual y sexual. No sé cómo lo vaya a valorar la gente que me sigue en mi carrera como presentadora de televisión porque esto es totalmente diferente a lo que he hecho. Aunque yo en la televisión dominicana tenía ya la fama de “sex simbol” —que no es algo que tu buscas sino que te encasillan- nunca había hecho un desnudo que es lo que hace Cristal en el film.

Llegué hace unas semanas al país y el teléfono se ha reventado. Ahora mismo estoy escuchando propuestas porque vengo con un proyecto de televisión semanal que lo disfruto muchísimo y que hago además porque aunque digan que “nadie es profeta en su tierra” yo sí lo soy. Siento mucho amor de los hombres y mujeres en República Dominicana”.

Laura García Godoy (Julia)

“A Julia la van a ver como una villana pero literalmente no lo es; ella vive su naturaleza de actriz y lleva una vida paralela de drogas y lesbianismo. Mi personaje lo estaban buscando fuera del país y yo me presente a casting. El reto fue que Julia es 10 ó 15 años mayor que yo y más allá de las intensas escenas físicas que se requerían, lo más difícil fue meterme en ese proceso de una mujer mayor. Es un personaje lleno de matices, en momentos hasta pena da porque en el fondo ninguno de los personajes tiene la culpa del crimen central.

Pimp Bullies rompe con los esquemas que hay en República Dominicana; no sólo por la trama sino que tiene una dirección fotográfica de primera. Creo que es la primera vez que se ven escenas tan sensuales en una película dominicana.

Tenemos que estar preparadas para cualquier comentario; porque va a ser como el sushi: un paladar adquirido”.

Carmen Elena Manrique (Mónica)

“Mónica es una mujer amargada por su estilo de vida, tiene más de 20 años en el mundo de la prostitución por necesidad y es una de las compañeras del bar de la protagonista de la película. Tengo una participación corta pero intensa.

La película tiene suspenso porque el espectador además de ver escenas de erotismo, va a tener que ir atando cabos para sacar sus conclusiones. Todos son sospechosos de un crimen.

Entendemos la expectativa que hay porque estamos haciendo un antes y un después en el cine dominicano, aquí lo más comercial es la comedia. Sin ánimos de ofender, esta película es parte de una apertura, de material de exportación porque la trata de blancas no se reserva sólo a RD sino también a otros países de América Latina”.

Ada Aimeé De La Cruz (Ana)

“La experiencia fue única porque es la primera vez que tengo la posibilidad de trabajar como actriz. Recién llegaba del Miss Universo y me encontré con esta propuesta. Me tocó tomar mis “clasesitas” con Alfonso que es una persona muy exigente pero a la vez te deja crecer y decidir.

Con respecto al personaje, Ana es una niña muy buena, es hermana de la protagonista y es quien se da cuenta sobre el trabajo que Catalina se va a hacer a Estados Unidos. Termino siendo la confidente de la protagonista.

Fue contradictorio para mí trabajar en esta película tras el trabajo en el reinado. El mundo de la belleza es a veces un poco ficticio y uno a veces se encierra y no ve que son cosas que están ahí y que duelen, son una realidad en nuestro país.

Tener que vivirlo tan cerca para mí fue como que “guao, esto es de verdad”. Hay una escena en la que lloré espontáneamente porque me metí demasiado en el personaje y fue precisamente por ver ese cambio tan brusco de realidades”

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