domingo, septiembre 15, 2019
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Una voz inmortal

La mítica figura de Carlos Gardel regresa, una vez más, a la escena artística del Río de la Plata. Ahora el Mago, 80 años después de su muerte, no sólo canta desde las bateas de discos o en las horas pares de Radio Clarín, sino también a través de un cómic que repasa sus días de gloria, su capacidad para seducir y su talento para construir alrededor suyo una identidad compleja e inasible. Se trata del libro Carlos Gardel, creado por el dibujante José Muñoz y el escritor Carlos Sampayo, dos argentinos unidos en España por un destino común, el exilio de 1974, pero además, hermanados por la profunda admiración hacia el artista tacuaremboense, que como todos sabemos, cada día canta mejor.

Por: Daniel Viglione / Imágenes: Libros del Zorro Rojo

El Mago, el Morocho del Abasto, el Mudo, el Francesito, San Carlos, el Zorzal Criollo o, simplemente, Carlitos. Todas estas facetas fueron las de un solo hombre: Carlos Gardel, un fascinante personaje cuya voz, aun 80 años después de su muerte, sigue cautivando a oyentes y generando devoción en ambas márgenes del Río de la Plata. Es que la voz de Gardel —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003— es la voz de todos, o como mejor lo expresara el escritor argentino Julio Cortázar, “cuando Gardel canta un tango, su estilo expresa el del pueblo que lo amó”.

Entre esos tantos que han amado y siguen amando a Gardel, y que a su modo han buscado homenajearlo, encontramos a dos destacadas figuras del noveno arte, el dibujante José Muñoz y el escritor Carlos Sampayo, quienes a través de la historieta Carlos Gardel, tantean la imposibilidad de aceptar una muerte y sostienen la pervivencia del personaje como mito. Es decir, por medio de viñetas de un estilo depurado y con diálogos directos, Muñoz y Sampayo no ocultan —ni quieren hacerlo— su admiración por el Mudo, uno de los intérpretes más destacados de la canción rioplatense, en cuyo repertorio sobresalieron los tangos, las milongas y los valses, pero también otros ritmos de moda en sus tiempos, sobre todo en las pistas de baile, como el fox-trot, el pasodoble y el shimmy, entre otros.

Pero este trabajo, publicado por Libros del Zorro Rojo —editorial fundada en Barcelona en 2004—, también es para los autores una exploración de la identidad cultural argentina, y en este sentido, Gardel es la excusa perfecta —por su siempre controvertido origen— para encarnar una identidad cultural inexistente hasta entonces y a su vez cambiante. De hecho, tan potente es este hilo conductor en el libro, que sus creadores escogieron para abrir su obra un texto publicado en la revista Sur en el invierno de 1953, escrito por Cortázar, en el que el autor hasta ese entonces de Bestiario se refiere a Gardel diciendo que “En su voz de compadre porteño se refleja, espejo sonoro, una Argentina que ya no es fácil evocar”.

Quizá por este motivo, en cada uno de los cuadros en blanco y negro en los que Muñoz y Sampayo rinden homenaje al Zorzal Criollo, incluyeron personajes tanto imaginarios como reales, fundamentalmente de la década de 1930, como Alfredo Palacios —primer diputado socialista en el Parlamento argentino— y Alfredo Le Pera —poeta brasileño y letrista de los mayores éxitos de Gardel—, logrando así una obra en la que, por un lado, no se desmorona un mito, mientras que por otro, tampoco se inventa uno nuevo. ¿Cómo logran esto entonces? A través de una trama de ficción que les sirve para mostrar la vida de Gardel: las noches porteñas de los años 30 —cuando Buenos Aires se convirtió en ciudad de cobijo para muchos europeos—, sus viajes a Estados Unidos para el rodaje de diversas de sus películas, el profundo y hasta edípico amor hacia su madre, su devoción por el juego, su alejamiento casi definitivo del Río de la Plata, su ambigüedad e incluso temor a la cercanía de la presencia femenina, su gran admiración hacia artistas de la talla de Duke Ellington y, obviamente, su muerte accidental y los mitos y discusiones que se generaron alrededor del hecho.

En concreto, Carlos Gardel —que primero surgió como un trabajo de viñetas en dos entregas, bajo el título La voz de Argentina, pero que quedó inconcluso hasta su edición completa y definitiva en 2010— se vale de un programa televisivo llamado Tiroteos amistosos, en cuya mesa de debate, denominada “El argentino ideal” y que gira en torno a Gardel, se sientan un sociólogo especialista en temas de identidad nacional y un doctor que se define a sí mismo como la máxima autoridad en asuntos gardelianos. En ese marco, detrás de cámaras, está un tercer personaje, Romualdo Merval, un veterano algo mitómano, imitador en su juventud del Morocho del Abasto, quien dice haber asesinado a Gardel.

En una entrevista realizada en 2010 por Marcelo Espiñeira para la revista ARG Express, el dibujante de Carlos Gardel señala, a propósito del trasfondo de la búsqueda de identidad que plantea el libro, que es algo natural. “Todo el mundo —dice Muñoz— quiere saber de qué se trata. El pueblo quiere saber quién es. Yo quiero saber quién soy. Y desde un punto de vista más profundo, es posible que no lo sepamos nunca, que el misterio nos supere. Este asunto de la argentinidad, como hemos visto en el curso de la historia, conlleva una exasperación por definir, una lucha desesperada por poseer la verdad, una defensa de interpretaciones de la narración nacional que no tolera el diálogo. Hemos elegido mostrar una especie de puja viril entre dos especialistas de Gardel, que de manera subyacente es sobre la definición de quiénes somos y hacia dónde vamos”.

Las respuestas a estos interrogantes quizá nunca nos sean vedadas, haciendo así todavía más interesante la trama de ficción, porque es en este punto de la identidad que el libro permite múltiples lecturas, que se apoyan, además, en un recurso narrativo que genera un ida y vuelta permanente, situando al lector en la historia al comienzo de la primera década del siglo XX y haciéndolo retroceder, en las viñetas siguientes, a los últimos años del siglo XIX. Los dichos u opiniones en off de los panelistas del programa de televisión, puestos sobre la imagen de Gardel cuando mantiene algún diálogo con otro personaje dentro de la viñeta, no hace más que enriquecer el trabajo de esta dupla creativa que son Muñoz y Sampayo, quienes a lo largo de las más de tres décadas que trabajan juntos crearon personajes como Alack Sinner —un policial negro ambientado en Estados Unidos— y títulos como Sophie Goin´South, El bar de Joe, Sudor Sudaca, Billie Holiday —en homenaje a la cantante estadounidense de jazz— y El Poeta, entre otros.

Sin duda esta forma de homenajear a Gardel no nos acerca lo más valioso de él, su voz, por eso vale la pena recordar que su primera grabación, Sos mi tirador plateado, fue en el año 1913, mientras que la última, Guitarra mía, data de marzo de 1935, entre medio, Gardel realizó 957 grabaciones, tratándose en realidad de 792 temas diferentes. Por eso su voz resuena incesantemente en nuestra memoria.

En suma, en el marco de los numerosos homenajes que siguen haciéndose por, Sala de Espera repasa el que quizá no sea el más innovador de todos, pero sí uno de los más arriesgados recuerdos que han tratado de abrazar a este consagrado artista que, a lo largo de su carrera, se construyó para sí mismo una vida difusa e inasible, sintetizada de la mejor manera en una de las viñetas de Carlos Gardel, en la que Muñoz y Sampayo le hacen exclamar a El Mago: “Vamos, querido fotógrafo: ¡hágame de carne y hueso!”

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