jueves, noviembre 15, 2018
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Juan Marichal: Inmortal

Cristóbal Guerra — [email protected] — @camisetadiez Fotos: Erika Santelices

Nota de la editora Katherine Hernández

Juan Marichal cumplió recientemente ochenta años. A este dominicano, hasta hace poco el único criollo en el Salón de la Fama, le había entrevistado en alguna oportunidad en la que contrario a lo que podría esperarse hablamos de cine y no de beisbol pues fue en la antesala de una proyección del filme “42” durante el Festival de Cine Global Dominicano. El querido y admirado Marichal es un hombre afable y educado, cuidadoso y jovial al que se le iluminan los ojos cuando habla de sus hazañas en Grandes Ligas pero también cuando describe los juegos de sus nietos. Desde que iniciamos el trabajo con Sala de Espera sabía que debíamos tener en portada al “monstruo de Laguna Verde” pero cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo debo reconocer que me acobardé, sentía que una figura de esa altura merecía una entrevista de alguien que amara tanto el béisbol como él, por eso cuando llegó el momento no dudé en pedir auxilio a Cristóbal Guerra, uno de los comentaristas deportivos más acertados y completos que he conocido. Crecí con las crónicas y artículos de Guerra en la prensa venezolana, con sus columnas de Sala de Espera Venezuela y por eso comprendí que no podía ser otro el que hablara, así sea a distancia, con el primer inmortal dominicano de Cooperstown. Esta fue su conversación.

—Aunque ha habido algunos muy buenos, desde los días de Pedro Martínez no ha salido un gran lanzador dominicano de la categoría de Juan Marichal: ¿por qué?

—Bueno, yo diría que eso requiere la parte de la perseverancia, de disciplina, de dedicación, también se necesita de suerte, porque es muy fácil para un atleta por ejemplo lesionarse y terminar su carrera ahí mismo, yo tuve la suerte que lancé por 16 años y tuve una lesión en la espalda ya al final de mi carrera. Pero yo diría que, modestia aparte, fui el caballo de batalla de los Gigantes de San Francisco. Cada cuatro días estaba en la lomita y rara vez fallé, era el lanzador que más juegos lanzaba, que más juegos completaba y es difícil igualar algo semejante especialmente en esta época en donde el juego ha cambiado porque hay lanzadores que les llaman preparadores, set up, y los closer. En mi época eso no existía, tu salías a la lomita y era casi mandatorio lanzar nueve entradas, ya eso desapareció. Si un lanzador, en esta era, termina cinco juegos eso es muchísimo, eso lo resaltan en todos los periódicos. Yo en el 68 terminé 30 y mucha gente no sabe que yo gané 243 juegos y terminé 244, es muy difícil de igualar.

—¿Cuál de los lanzadores de hoy, hablando en general, usted admira?

—Bueno los Dodgers tienen a Clayton Kershaw y posiblemente está para recibir el Cy Young de este año, aunque ya ha ganado dos o tres. Es un lanzador zurdo muy controlado, con un repertorio efectivo tanto su curva como su slider y su recta por eso se coloca entre los mejores. Hay muchísimos, yo siempre sigo a los dominicanos, con los Gigantes está Johnny Cueto que me gusta muchísimo verlo lanzar, este año no tuvo esa gran temporada porque su padre estuvo mal de salud, él estuvo fuera y eso hizo que no fuera tan efectivo. Hay muchos buenos. Otro dominicano es Ervin Santana, una gran curva y el otro es Arodys Vizcaíno.

— ¿Cómo ve usted los juegos?

—Invito siempre a mi hijo. Mi esposa y yo tuvimos cinco mujeres y un solo varón, él me acompaña en todo, vemos el básquet, el boxeo y a veces cuando estamos siguiendo a los Golden State Warriors, nos reunimos un grupo de amigos de él y amigos míos y hacemos un can.

—Dominicana ha dado, y sigue dando, excelentes bateadores: Ricardo Carty, Felipe Alou, Manny Ramírez, David Ortiz, Sammy Sosa, Vladimir Guerrero, Miguel Tejada, Alfonso Soriano, Albert Pujols, Nelson Cruz, Robinson Canó, Alex Rodríguez y tantos otros: ¿cuál de ellos ha sido el mejor?

—Bueno, yo no diría el mejor, para mi todos esos que mencionas son excelentes. Sacar uno como el mejor es muy difícil. Si vamos a numeritos creo que los mejores lo tienen Alex Rodríguez y Pujols pero creo que hay muchos que le seguirán los pasos. Otros retirados con un bateo de por vida, creo que 317 de Vladimir Guerrero, con un gran brazo en el right field. A mí me encanta un compueblano mío, Nelson Cruz. Albert Pujols debe ser uno de los activos con mejores números de los dominicanos, 600 y tantos jonrones. Yo los admiro a toditos, sigo a todos los dominicanos, no me pierdo un juego.

—La pelota dominicana, el “play”: ¿mantiene su calidad o ha perdido algo de brillo?

—Al inicio de la temporada sí porque no juegan las grandes figuras dominicanas, comienza la temporada con peloteros de ligas menores y los veteranos se vienen a integrar a finales de temporada. Tú ves que los play-off es un lleno donde quiera que jueguen, los parques se abarrotan de fanáticos cuando empiezan los play-off pero el inicio es muy flojo.

—¿Considera que los grandes ligas consagrados, y los que lo están llegando a ese status, deberían jugar en su país?

—Yo no se lo exijo porque yo sé lo que es pasarse seis meses en Estados Unidos jugando a diario, y venir a jugar en la liga dominicana, después de que estás devengando salarios millonarios es un riesgo. Yo sí creo que deben dar más oportunidad a jugadores de ligas menores porque esto le ayuda a su ingreso en grandes ligas.

—¿Cómo ve al Escogido, el equipo de su corazón?

—Ese es mi equipo, espero que este año hagan un mejor papel que el año pasado, estaba leyendo que tenemos un buen equipo, espero que lo hagamos así en el terreno de juego, representar al gran Escogido, el único equipo en el que jugué aquí y que llevo en mi corazón.

—Usted lanzó 244 juegos completos, algo impensado para los lanzadores de hoy ¿qué ha pasado en el béisbol que los pitchers son cuidados como si fueran de cristal?

—El dinero, porque un lanzador que gana cerca de 300 millones de dólares hay que cuidarlo porque es una inversión que tiene la organización y no se puede arriesgar a que un miembro se lastime. En nuestra época había que lanzar ahí hasta que se pudiera y lo que ganábamos, comparado con lo de hoy eran centavos. Yo recuerdo que jugaba allá y echaba 300 entradas y venía a la pelota de invierno porque el dinero que ganaba allá no era suficiente para sostener a mi familia así que jugaba con el Escogido y devengaba también un salario. O sea yo jugaba el año completo.

En esa época se veían más grandes figuras en la pelota invernal, hoy vienen jugadores de ligas menores y muy pocos novatos que posiblemente les den la oportunidad por tiempo limitado y eso le ha hecho mucho daño a la pelota invernal.

—Y la pelota en general, ¿es ahora mejor que la de sus tiempos como jugador?

—Bueno, si en mi época se hubiera usado la tecnología como se usa ahora creo que la de nosotros hubiera sido mejor. Hoy día, la juventud, el fanático disfruta más el juego por esa tecnología de la televisión, de satélite, puedes ver todos los juegos si quieres. En nuestra época era con un “radito”, yo me encuentro con muchas personas en la calle que me dicen “tú no te imaginas los boches que me daba mi papá porque me acostaba con el radito debajo de la almohada y al día siguiente tenía que ir a estudiar”. Hoy no tienes que usar el radito por eso cada día hay más fanáticos del béisbol y se rompen los récords de asistencia.

—En esos 244 partidos completos, se incluyen 52 blanqueos. Los aficionados de vieja data recuerdan aquel de 16 innings contra los Bravos, en el que usted derrotó a Warren Spahn: ¿habló con él durante el largo trayecto, intercambiaron opiniones, eran verdaderamente rivales del montículo?

—En el terreno de juego, grandes rivales; fuera del juego, grandes amigos. Hay una anécdota de ese partido incluso escribieron un libro de ese juego en el que se habla de Warren Spahn, Juan Marichal y Willie Mays que fue el que pegó el batazo en el décimo sexto inning para yo ganar una carrera por cero. En la novena entrada, Alvin Dark, el manager me quería sacar y mi receptor me dijo “no te dejes sacar”. Fui y le rogué “Sr. Dark por favor, yo me siento fuerte, déjeme ir unas cuantas entradas más”, lo convencí. Pero en el inning 14 volvió y me dijo “ya no vas más”. Entonces respondí “¿Usted ve ese señor que está en la lomita? (nosotros estábamos en el dogout bateando y Warren Spahn estaba lanzando) Me dijo “Sí, ¿qué le pasa?, le dije “Ese señor tiene 42 años y yo solo tengo 22, mientras ese señor se mantenga en la lomita, nadie me saca de aquí. ¡Ay, ay, ay! Él se disgustó de una forma que yo le pedí excusas pero me dejó lanzar y cuando lancé la entrada décimo quinta regresé al dogout y le dije que preparara al otro lanzador, sabía él que estaba molesto. Así que ya llamando al otro pitcher veo mi gorra y mi guante, me los puse y salí de nuevo al terreno. ¡Ay, ay, otro problema con el manager! Por suerte, hice los tres outs bien rápido. Me regreso por la línea de primera y venía Willie Mays, le pongo mi brazo en el hombro y le digo “Chico (él le decía Chico a todos) Alvin Dark está furioso conmigo, ya no voy a lanzar más. Me dijo “no te apures, yo voy a ganar este juego para ti”. Y él era el abridor de esa entrada, de la décima sexta. Y en el primer pitcheo salió, yo veía esa bola en aire y fue el día más grande de mi carrera.

Al otro día hay un túnel que comunica el club house visitante con el terreno de juego, Warren Spahn me llamó para enseñarme algunos ejercicios para que estuviera ready para el próximo partido, así era Warren Spahn, éramos grandes amigos.

—¿Esa hazaña fue igual de importante, o más aún, que el día que lanzó el no hit no run?

—Un no hit no run es muy difícil de lanzar, se necesita un poco de suerte porque cualquier batazo puede ser hit, a veces le pegan mal a una bola y cae. Mi primer partido en Grandes Ligas, el 19 de julio del 60, yo llevaba ocho entradas y un tercio sin hits y le lancé una bola a un bateador emergente y me dio un gran alazo detrás de segunda, es decir no le pegó bien a la bola pero fue hit. Hoy día se puede ver un no hit no run, un juego perfecto, pero alguien que lance 16 entradas, jamás.

—Si le tocara pitchear en este época, ¿ganaría 20 juegos, como lo hizo usted seis veces? ¿Tendría esa oportunidad lanzando cada cinco días, como se estila ahora?

—Yo creo que sí, y si lanzara en la Liga Americana tendría más posibilidad de ganar 20 o más partidos porque ahí se usa el bateador designado. Tendría mucho más chance.

—¿Esa pierna levantada al lanzar era para qué? ¿Para afianzarse más o para intimidar? ¿Será por eso que le colocaron el sobrenombre de “El monstruo de Laguna Verde”?

—Hay una anécdota sobre eso. Cuando era niño me encantaba batear y jugaba en el short stop, mi cuñado una vez me llevó a ver la selección dominicana, el mejor equipo de béisbol aficionado que había en el país y que lamentablemente falleció en la tragedia de Río Verde y Yamasá, el único sobreviviente fue el Mariscal Lantigua que no hizo el viaje de Barahona a Santo Domingo. En ese partido, que me llevó mi cuñado, lanzaba Bombo Ramos y me impresionó su estilo. Cuando regresé al campo, le dije a mis amiguitos que no iba a ser más short stop sino que iba a ser lanzador como Bombo Ramos, así que empecé a imitarlo, todo por el lado del brazo. Lancé en el 55 del lado del brazo, en el 56 fui a la aviación dominicana, me firmaron los Gigantes en el 57, fui a Michigan todo lanzando de lado. Y antes de finalizar la temporada, ya en clase A, me dice el manager que por qué yo lanzaba así, me sorprendió la pregunta pero no quise entrar en detalles y le dije “porque así yo aprendí”. Y me preguntó si nunca me había dolido el brazo, eso me preocupó porque temí que él relacionara mi estilo con alguna dolencia, así que le expliqué lo de Bombo Ramos. Fue ahí cuando él me dice que si no me gustaría lanzar por encima del brazo, según él tendría más efectividad contra los bateadores zurdos. Así que le dije que sí, nos fuimos al bullpen y noté que la única manera que podía hacerlo era levantando el pie. Me sentí cómodo, sentí que podía tirar más fuerte y me gustó el estilo. Eso se hizo famosísimo.

—Sus grandes días fueron con los Gigantes de San Francisco. Cuando va, y camina por sus calles, ¿la gente aún lo reconoce? Y en Dominicana, ¿no lo detienen a cada momento para tomarse fotos o pedirle autógrafos?

—Allá más, esa gente en San Francisco me adora y yo a ellos, son los mejores fanáticos del béisbol. Al extremo de que el presidente de los Gigantes develó una estatua afuera del estadio y tú no te imaginas la cantidad de personas que van ahí a tomarse fotos. Una vez que fui a un juego les dije “en la estatua, después del juego” ¡Ay, ay, ay¡ Qué error más grande, yo no pude llegar. Por suerte, cuando me piden autógrafos yo les decía que mejor fotos y ahora con los celulares es más fácil porque imagínate tú ponte a firmarle autógrafos a una multitud, no terminas nunca. A mí me encanta firmar autógrafos, cuando tengo tiempo de firmarles a todos los presentes, si no tengo tiempo no le firmo a ninguno porque no me parece justo.

—¿No siente nostalgia por el béisbol de su época, días de grandes bateadores como Willie Mays, Willie McCovey, Hank Aaron…?

—Sí siento nostalgia y por eso sigo el juego tan de cerca. Nací siendo pelotero y voy a morir siendo pelotero porque no hay un juego de béisbol que yo me pierda.

—¿Y quién el mejor pelotero de todos los tiempos?

— Willie Mays. Esa pregunta me la han hecho muchas veces. He dicho Willie Mays es el número uno en el center field; Roberto Clemente número uno en el right field. Podemos seguir viendo béisbol por décadas y creo que jamás se van a ver jugadores así. Son jugadores que iban al terreno a ganar, nunca se rendían, eso es lo que se necesita en un atleta, ese ánimo.

-¿Se hizo amigo, y perduró la amistad, de John Roseboro después del incidente aquel con el bate en el home?

Sí nos hicimos amigos después de un tiempo cuando me retiré, organicé un torneo de golf que duró 27 años aquí en mi país y creo que en el primer torneo lo invité a él, a su esposa y a su hija. Lo disfrutaron y nos hicimos amigos. Inclusive cuando fui al equipo de los Dodgers, él hizo un llamado a la fanaticada para que me dieran una calurosa bienvenida, eso yo se lo agradecí.

—¿Cómo ve el Clásico Mundial? ¿Cree que de verdad mide la calidad del béisbol de cada país?

—Me encanta y ese año que nosotros ganamos eso fue grandioso. Juegan tantas potencias: Estados Unidos, Japón, Cuba, Venezuela, Puerto Rico y ese año nosotros ganamos invictos. Seguro que se mide la calidad del béisbol, lo que no me gusta es la época porque los bateadores no están en forma.

—Por haberla sufrido, usted es un soldado en la batalla contra la diabetes que ahora conmemora el día de la lucha mundial contra ese mal. ¿Qué le aconseja a la gente, especialmente los jóvenes, para no ser propensos o víctimas de la enfermedad? ¿Y qué mensaje les envía a los que la padecen?

—A mí se me declaró la diabetes a los 45 años. Fue muy difícil pero los tropezones hacen levantar un pie, a la brava tuve que aprender, como atleta quería comer, hacer ejercicio -que es muy bueno para los que sufren diabetes-, pero tuve que aprender a comer para que la glicemia no suba mucho, a usar los medicamentos. Es una combinación. Gracias a Dios me mantengo bastante activo pero tengo que ser disciplinado con esta enfermedad que le dicen “la silenciosa”.

-¿Cómo se dio cuenta?

—Un día fui a mi pueblo, era de noche y veía las luces como una estrella, me sentí raro. Entonces cuando fui al médico. El doctor dice que busquen una silla de ruedas. “Pero yo vine manejando” reaccioné, por lo que el médico me dijo “No sé cómo, usted tiene la glicemia en 600”. Me habían nombrado capitán honorífico del Juego de Estrellas en Chicago y tenía que ir, pero el médico lo veía difícil. Al final me despacharon y tras el fin de semana viajé con su permiso pero yo andaba en el aire, como un zombie.

—Usted ha sido un hombre de familia. ¿Siente que ha sido esa unión lo más importante para su triunfo como jugador de béisbol?

—Nosotros procreamos cuatro niñas en San Francisco, fueron años felices. Posiblemente tomé la decisión de retirarme porque quería permanecer más tiempo con mis niñas ya que en su crecimiento yo andaba jugando, viajando y no les presté las atenciones que consideré necesarias. Después de dos años decidimos venir y aquí tuvimos dos hijos más. Mi familia es lo primero, lo que siempre me ha motivado a luchar y a darles lo mejor. Yo como adolescente y como me gustaba tanto la pelota no tuve la preparación académica adecuada, algo que mi madre me reprochó mucho. Pero yo quería representar a mi país, yo no sabía de dinero, yo quería representar a mi país. Tanto mi vida familiar como mi vida profesional me han hecho una persona feliz.

—Una vez le preguntaron a Rubén Blades qué iba a hacer cuando cumpliera 80 años; él respondió: “Sentarme en la puerta de mi casa y reírme de las cosas”. Usted está llegando a esa edad, ¿También se va a sentar en la puerta de su casa a reírse de las cosas?

—Es posible, es posible. Porque cuando uno sonríe eso es signo de que hay alegría y a mí me gusta ser alegre, compartir con los demás. Sentarme a darle gracias al Señor por tenerme tanto tiempo en este mundo, no todos tienen la suerte de llegar a 80, yo pienso seguir un poco más. Me gustaría ver a mis nietecitas más grandes, tengo 16, y una bisnieta. Me hacen la vida más placentera.

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