martes, agosto 20, 2019
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Lizbeth Santos Renovada para el futuro

Por Katherine Hernández – @kathernandez – Fotos: Erika Santelices – Estilismo Adriana Boscarolo

Una Lizbeth de verbo suelto y dedicada a su crecimiento personal nos habla de sus crisis y triunfos y de cómo transformar en lo posible la vida de otros, la hizo reconectar con las cosas que realmente valen la pena

A Lizbeth Santos la conocí recién llegada a la capital dominicana; ella estaba de regreso a su país y yo me mudaba a él. En esa oportunidad, la entrevisté brevemente para un artículo de Sala de Espera sobre la película criolla Pimp Bullies del director Alfonso Rodríguez. No imaginaba yo que años después terminaríamos trabajando en la misma planta televisiva, pero sí sabía que ella tenía que estar en algún momento como portada de esta publicación.

Nos citamos en un café de un centro comercial. Temí por un momento que la grabación no fuera suficientemente nítida como para captar los detalles de las palabras de esta francomacorisana, pero Lizbeth no es de las que habla bajito, está hablando con fuerza, contundencia y naturalidad. Sobre todo, lo último, a esta mujer de sonrisa amplia no se le advierte el estrés de lo que conocemos en el argot femenino como “ultra producida”, al menos en su día a día ella va con unos jeans, una blusa coqueta y un labial rojo y así, sin advertirlo, se ve perfecta.

En una hora conversamos sobre los altibajos de los últimos años, sobre los dolores y amores y sobre la preocupación legítima de una mujer que ha estado durante años trabajando en medios de comunicación y que ve cómo el negocio ha cambiado.

“Cuando yo empecé no había casi gente joven en la televisión, nosotros éramos la novedad. Los programas de entretenimiento que había eran con las figuras que venían de muchos años, entonces era como “¡Vamos a darle la oportunidad a estos carajitos!”. Iniciamos con productora Gil que hizo “El ritmo del sábado” con Frederick Martínez “El Pachá” con un estilo rompe esquemas y Vielka Valenzuela; y posteriormente, “Noche no te vayas” donde estábamos yo y Oliver Lister. La gente no estaba acostumbrada a escuchar palabras hasta inventadas, y eso tiene sus cosas buenas y sus cosas malas”.

“Yo me fui del país y estuve catorce años fuera del país, cuando regresé todo había cambiado, la televisión y ya habían empezado las redes sociales a tomar apogeo. Para mi fue una novedad porque todavía hoy por hoy, hay gente que está en televisión y yo no tengo la menor idea, quizás se malinterprete y no es eso, es que de verdad no lo sé, quizás surgieron y ahora con las redes sociales la gente entiende que todos tienen que saber quién eres y eso no es así”

Una mirada crítica a las redes sociales

“Yo creo que son súper chulas para conectar con gente con la que nunca hubieses podido conectar, pero también son un arma de doble filo, porque ahora todo el mundo tiene derecho a fama, pero se tiene que compartir la misma plataforma. Por ejemplo, están las que se sacan las tetas y las nalgas en redes y hablan de sus experiencias sexuales. O porque tienes una trayectoria de lo que te ha costado la vida entera, con esfuerzo, estudio y trabajo y al final, estamos en la misma plataforma, los dos tipos de personas podríamos tener un millón de seguidores. Lo que me encuentro mal es que para muchos trabajos te comparan con gente así. Creo que estamos un poco confundidos, tenemos el chance de elegir, pero la confusión está llevando a que la foto más producida y más falsa es la que produce más likes pero una en donde sales recién levantada y expones que tienes un problema porque eres una persona real te dejan 25 comentarios haters. La gente quiere realidad y naturalidad, pero a la misma vez rechaza eso”.

“Creo que la gente se ha hecho esclava de las redes, no voy a criticarlo porque en algún momento yo también caí en eso, fui esclava de decir y dejar ver demasiado de mi vida personal pero ya no lo encuentro ni necesario, ni saludable. Te pueden mantener al día sin hastiar a la gente y sin bombardear a la gente. ¿Para qué quiero utilizar mis redes para decir cuarenta cosas si puedo decir cinco que valgan la pena?

–¿Esto ha cambiado el negocio publicitario?

–Con la economía como está uno no puede vivir de una sola cosa, salvo a que uno sea médico o abogado de un caso renombrado, pues hay que tratar de hacer varias cosas sin ponerse a hacer cosas que uno no sabe.

Cerrando capítulos y floreciendo

La separación de su ex esposo Eugene Reault, el año pasado, nos dejó a una Lizbeth mucho más reflexiva e intuitiva, lo había visto en conversaciones fugaces en medio de los pasillos de CDN y ahora, en esta conversación lo confirmo.

“Fue súper difícil, tuve un año de mucha confusión, un año de separación en que no había nada escrito, ninguno había decidido lo que íbamos a hacer. Quizás estábamos decididos, pero por dolor, a uno le cuesta aceptar las cosas. Me di mi tiempo para reflexionarlo porque al principio fue todo muy lindo, fue una ilusión que después ya no iba más porque te das cuenta de que te iba a dañar, a dañar tu integridad, a poner en juego lo que tú eres. A uno le cuesta aceptar que después de grande, porque ya no fue que me casé a los veinte, fui tan ilusa y no vi la situación, no estudié la situación. Fue una ilusión tan bonita que se comió la perspectiva, fue muy rápido, muy irresistible pero quizás si nos hubiésemos dado mas tiempo nos habríamos fijado que teníamos ideas de la vida muy distintas. Pasé mi momento de despertar en el cual fui autodestructiva, me deprimí, comí demasiado y luego no comí nada, decidí que iba a trabajar ese sentimiento para reparar la vida de alguien porque sentía que yo no tenía reparo”.

“Creo que lo mejor es vivir lo que uno está viviendo, aceptar la realidad, saber que el dolor va a pasar y creo que en mi caso me dije que tenía que ayudarme. Entendí que yo estaba enamorada de la mejor cara que brindamos y me ayudó a curarme que al final él terminó siendo una persona muy distinta a lo que yo creía que él era, lo idealicé”.

–Hablemos de la filantropía, has desarrollado varias actividades que te han permitido ayudar a personas de escasos recursos, ayudaste a construir una casa a un señor muy pobre y prácticamente has apadrinado a una niña. Hay quienes piensan que para hacer estas obras hay que tener mucho dinero.

–“No, para nada. Yo empecé a hacer eso porque tenía un gran vacío en mi, estaba pasando por la separación, no sabia que iba a hacer, me sentía muy rota. No sabia cómo poner mis piezas juntas y por eso quería arreglarle el mundo a otra persona. Mi mundo no se arreglaba con dinero, pero quizás el de otra persona sí. Vino el huracán María y llegó en un momento en que necesitaba ponerme constructiva porque si no me iba a poner destructiva. Conversaba con psicólogos, con amigas, viajaba, me compraba cosas y eso no me arreglaba. Así que pensé en ayudar a alguien, dándole cariño a alguien yo pueda sentirme mejor. Tras los efectos de María en San Francisco de Macorís, empecé a reportar en lugares donde la prensa no estaba llegando y hablé de cómo la ayuda no llegaba. Empecé a hacer algo muy pequeño y eso se convirtió en una bola de nieve, la gente se animó a ayudar y entonces se convirtió en una responsabilidad, y yo usé eso para llenar mi vacío, ni siquiera mi hijo estaba aquí. Yo quería dar amor.

Iba casi a diario a San Francisco de Macorís, la gente no solo estaba dando de lo personal, sino que empezó a comprar y a donar, en la emisora me prestaron una oficina. Veía casos cada vez peores de gente que había perdido su casa. ¿Por qué escogí a Don Fernando? Porque era un señor mayor, vulnerable, es cojito se rompió una pierna trabajando y por no darle terapia necesaria quedó con problemas, no tenía hijos tampoco. Yo no estaba pensando hacer una casa desde cero pero la gente se fue sumando y una gente que tenia cementera me regaló cemento, y otros el piso, así que se hizo la casa.

En el proceso de hacer la casa de Don Fernando conocí a Samantha, conociéndola y encargándome de ella, yo percibí que, entre todos esos niños pobres, había ciertas necesidades que sentí que eran más que llevarles comida y ropa, porque conocí todo su entorno. Entonces con Samantha pensé en apadrinarla y ayudarla, pero de tanto estar con ella, sacarla a pasear, buscarla los fines de semana, se crea un vínculo que es inevitable y ya yo siento que es mi hija. Me voy de viaje y le compro más cosas que a mi propio hijo porque tiene más necesidades.

A mi una cartera no me da la satisfacción que me da ver a Samantha crecer siendo una mujer de bien y que por ejemplo no quede embarazada a los trece años. La gente lo ve muy difícil, pero tienes que ponerle el tiempo y la disposición, yo me decidí hacerlo mientras sus padres me lo permitan, creo que estoy haciendo algo con un valor extra que no es para ganarme el cielo, sino que es que para mi como persona me hace sentir bien”.

En medio de la conversación llega Ricardo, el único hijo de Lizbeth y quien va a cumplir 22 años. Le consulto sobre su relación actual cuando el joven vive fuera del país “cuando uno es madre joven y ellos se convierten en adultos, uno está conectado y me siento en la total confianza de hablar con él de lo que sea, de salir con él, le hablo con la verdad. Soy como soy, no soy de las que cree en eso de “la línea que no se puede cruzar por el respeto de padres”, ya cuando tienen 22 años es un adulto, pero no creo que él deba dejar de ser por complacer a sus padres. Yo no voy con ese concepto”.

–¿Como es la relación de Ricardo con su papá?

–Tienen una relación muy estrecha, siempre hablan y Ricardo es un hombre muy cariñoso con su hijo.

–Y ¿cómo es tu relación con el papá de Ricardo?

–Mi relación con él es bipolar (risas). Creo que ya quizás he crecido un poco en ese aspecto, soy menos temperamental en relación con nosotros dos y por la otra parte a veces me adora como amiga porque no hay sentimientos extraños y otros días me odia (bromea). Es una relación que con el tiempo ha mejorado muchísimo y entiendo que nos vamos a querer toda la vida. A diferencia de cualquier relación que yo termine de hoy en adelante, es que no habrá vínculo porque no es lo mismo cuando tienes hijos.

–Este es un especial de viajes, ¿a dónde viajas pronto?

–A Nueva York, es mi ciudad favorita, voy al menos dos veces al año. Mi mejor amiga vive allá y eso me une mucho a Nueva York, tengo que ir a visitar a mi hermana y como yo manejo el tiempo de una forma más libre que ella pues voy mucho. Voy por cualquier excusa, para mi es el plan perfecto, yo necesito ir a esa ciudad siempre.

–Pero ¿Lizbeth Santos viaja como te vemos en estas fotos que acompañan el texto?

–Jamás. No, no, unos tenis. La gente tiene que saber que esta es una realidad, si viajas con unos zapatos que te molestan o te aprietan, te molestarán más al viajar. Se te resecan las manos y los ojos, por eso yo viajo con una mochilita que tiene wipes, antibacterial, gotitas para los ojos, lentes de contacto extra porque no veo nada, chapstick y unas chancletas. Ah y sin nada de prendas, práctica y cómoda. Viajo para que cuando me digan pase por aquí, pueda hacerlo sin problema.

–República Dominicana se ha visto afectada reciéntemente por una campaña que golpeó al turismo, la principal fuente productiva del país. ¿Qué puedes decirnos al respecto?

–Muy complicada. Creo que ha sido injusto, pero pasaron demasiadas cosas una detrás de la otra y eso junto a la falta de información dio mucho permiso a que se especule, la especulación es perfecta para el amarillismo. Aquí sí entiendo que hay que regular muchas cosas, somos el país de las maravillas porque quizás para el desorden que hay, pasa muy poco para lo que debiera de pasar, pero creo que dentro de las comparaciones que podemos hacer con otros destinos nosotros estamos muy bien en cuanto a seguridad.

A mi por ejemplo me fascina México, y la gente me dice que tenga cuidado, pero por eso yo no dejo de ir a México. La gente dice que Los Ángeles es peligrosísimo y a mi nunca me paso nada, nunca me sentí amenazada. Creo que esta campaña ha sido injusta porque ocho turistas en comparación con otros lugares, me hace pensar que hay ciertos intereses detrás. Yo cojo carretera de noche, quizá me la estoy jugando, pero aquí no estamos, así como en otros países, eso no quita que no haya inseguridad. Óyeme la comparación de Jimmy Kimmel con Siria, ¡por favor! No es justo.

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