sábado, noviembre 9, 2019
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Aliento siempre fresco

Una intensiva higiene bucal es la medida más sencilla para obtener un aliento agradable. He aquí algunos consejos para conservarlo

Por Magaly Rodríguez

Cepillarse correctamente: Una buena técnica de cepillado dura al menos dos minutos, practicando un barrido minucioso de todas las superficies dentales desde todos los ángulos. Es conveniente cambiar el cepillo dental cada tres o cuatro meses y usar una pasta dental con flúor.

Tomar agua: La falta de una buena hidratación hace que la producción de saliva se reduzca. Por ende, las bacterias tienden a proliferar cuando no encuentran el flujo continuo de limpieza que ofrece la salivación constante. Entre quienes intentan perder peso, la halitosis es un problema común, pues el mal hábito de saltarse comidas es otro factor que hace que esta producción sea menor. En cualquier caso, es aconsejable beber agua regularmente para impedir que la boca se reseque y que las bacterias se instalen.

Limpiar la lengua: Además de la ineludible limpieza dental, la superficie de la lengua también debe cepillarse con cuidado, o en su defecto “barrerse” con un limpia-lenguas o el borde de una cucharilla. Por su textura irregular, las papilas tienden a impregnarse de todo lo que se come y se bebe, por lo cual preservar su higiene es una medida de rigor.

Utilizar hilo dental: El uso regular de este recurso -al menos una vez al día- evita que las partículas de alimentos y los cúmulos de bacterias se asienten en el espacio entre los dientes y en el borde de las encías: cuando esto efectivamente ocurre, el proceso natural de fermentación produce mal aliento. La forma correcta de utilizar el hilo dental es cortar un pedazo de unos 20 centímetros, enrollarlo entre los dedos de cada mano e insertarlo entre los espacios dentales con un vaivén delicado hacia delante y hacia atrás, para ir despegando con suavidad la placa dental. El hilo debe barrer luego la superficie de cada diente de manera envolvente hasta donde sea posible.

Masticar chicle: De nuevo, todo hábito que contribuya con la salivación puede mejorar el aliento. Masticar chicle -siempre sin azúcar, para no atentar contra la salud bucal- es una solución temporal. Los caramelos sin azúcar también cumplen el mismo objetivo.

Usar enjuague bucal: Si bien no eliminan 100% las bacterias, estos líquidos están especialmente diseñados para combatir la formación de placa dental. Las fórmulas con clorhexidina son particularmente útiles para este fin. Para máxima eficacia, la boca debe enjuagarse con estos productos durante al menos 30 segundos, siempre después del cepillado. El enjuague también puede usarse en solitario como una excepción cuando no pueda efectuarse un cepillado completo en un momento dado.

Abandonar el cigarrillo: Los efectos de la nicotina representan un impacto negativo para la dentadura, las encías y el aliento. Dejar atrás el hábito implicará una mejoría sustancial en ese aspecto.

Moderar las comidas condimentadas: Como es previsible, la ingesta excesiva de alimentos como la cebolla o el ajo es capaz de alterar el olor del aliento. Según la prestigiosa Clínica Mayo, los delatores y volátiles aceites de ciertos ingredientes pueden transferirse a los pulmones y hacerse evidentes al exhalar. Racionar estos alimentos en la dieta puede ser útil.

Hacerse limpiezas profesionales: El control odontológico periódico cada seis meses -o al menos una vez al año- ayuda a evitar y/o tratar las caries y remover el cálculo que se haya depositado en espacios de difícil acceso con el cepillado, lo cual refrescará el aliento inmediatamente.

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