sábado, julio 20, 2019
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Cómo conservar la figura en Navidad

Devorar platos deliciosos sin mayor recato es una de las grandes tentaciones que enfrentamos en estas fechas decembrinas. He aquí como sortear estos impulsos con gracia y sin remordimientos

Por Magaly Rodríguez

No salte comidas. Desayune, meriende, almuerce, meriende y cene. El afán de “guardarse” para festines opíparos lleva a algunas personas a caer en ayunos prolongados, que a la larga resultan contraproducentes: no sólo porque un hambre desaforada empuja a cometer excesos de cuidado, sino porque el cuerpo tiende a asimilar más las calorías ingeridas luego de muchas horas con el estómago vacío.

Apóyese en la fibra. Aunque la intención de administrar el presupuesto de las calorías tenga fundamento hasta cierto grado, es recomendable ayudarse entonces con alimentos que, aun en poca cantidad, produzcan saciedad sin causar mayores estragos en el peso. Los vegetales, las frutas, los cereales y los granos contienen fibra y pueden contribuir en este aspecto. Adicionalmente, prefiera alimentos bajos en grasa para compensar lo que se presente después.

No repita porciones. Si bien la Navidad se distingue por una selección de recetas suculentas que se degustan una sola temporada al año, cabe recordar que la prudencia es fundamental para disfrutarlas sin arrepentimientos tardíos. En lugar de servirse una hallaca más o de repetir con la torta negra, pida esa porción extra para llevar y saboréela otro día. Del mismo modo, procure mantener un balance entre los distintos grupos alimenticios al ensamblar su plato. No abuse de las grasas y los carbohidratos.

No descuide su ejercicio habitual. En esta época es muy fácil caer en el error de comer a mayor escala y a la vez reducir la cantidad de actividad física que se practica a diario. Sin embargo, continuar el ejercicio es precisamente una de las variables que hará más contrapeso para que los kilos no se disparen durante este período. Si hoy comió de más, entrene también mañana un rato más. Si no acostumbra ejercitarse, considere empezar a caminar durante 45 minutos por lo menos tres veces a la semana. Así prevendrá que el sedentarismo le pase una factura abultada de aquí a enero.

No cene y se acueste enseguida. Mientras más tarde y más pesado coma, más difícil será su digestión y probablemente sentirá molestias al dormir. Prefiera porciones moderadas y coma despacio para que su cerebro le avise a tiempo que ya ingirió lo necesario. Ofrézcale un tiempo prudencial a su organismo para procesar los alimentos y quemar algunas calorías antes de conciliar el sueño.

Vigile su consumo de alcohol. Muchos asumen que las únicas calorías que están consumiendo son las que están servidas en el plato, pero las bebidas alcohólicas suelen contener un alto índice calórico. En lo posible, limítese a ingerir un sólo trago –preferiblemente una copa de vino– con la comida.

Tome suficiente agua. A veces se confunde el hambre con la falta de hidratación; esto puede llevar a picar con más frecuencia entre comidas o a servirse demasiado. Procure beber suficiente agua, sobre todo antes de banquetes especiales.

Organice sus antojos. Los platos navideños son muchos y despiertan el deseo de probarlos todos de una vez, pero aunque parezca idílica, esta no es una buena estrategia. Elija probar una o dos recetas puntuales cada día. Así no se perderá de nada y su peso se verá menos afectado a mediano plazo.

No se sienta culpable. A pesar de hacer su mejor esfuerzo, es probable que llegue a ganar unos gramos más o incluso un par de kilos. Considere que, en la medida en que retome y refuerce hábitos saludables, este pequeño exceso debería ceder gradualmente sin mayores sacrificios.

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